Capítulo 3: El incidente
"¿Por qué quisiste que saliéramos con esos tipos?" Era lo que me repetía cada tanto Iris, y yo le decía en voz baja "Por solo ir una vez con ellos nadie pensara que son nuestros amigos"
En verdad no pienso de esa manera tan despectiva de los demás, pero si quiero evitar burlas de mis pocas amigas, espero que esto no sea un error y si encontremos algo.
En las afueras de la ciudad, luego de pasar la estación de tren, el paisaje urbano se tornaba cada vez más verde y frondoso.
Julián, uno de los tipos; con la cabeza rapada y anteojos cuadrados, llevaba unos audífonos muy delgados, tenía un reluciente cable color metálico, y las orejeras parecían cómodas, por lo menos eso creí, ya que no se los quitó en los hasta ahora mas de 20 minutos de caminata.
Las otras dos chicas parecían un tanto distantes. No parecían querer hablar con nosotras, desde que nos unimos simplemente se apartaban.
"No tenía idea de que les gustaba estas cosas" decía tímidamente uno de los chicos "Soy Marcos" decía mientras veía como su mano sudorosa se levantaba para saludar.
No quise ser descortés, por lo que luego tuve que secarme con la camisa de Iris.
"¡¿Qué haces?!" se quejó "Me vas a manchar".
Luego de varios minutos más llegamos a lo que parecía un edifico en ruinas, rodeado de musgo y otras criaturas salvajes. No piensen en osos ni esas cosas, me refiero a animales un tanto más pequeño, como ardillas y roedores grandes.
El interior estaba lleno de basura, las paredes totalmente agrietadas.
"¿Cuánto tiempo lleva esto aquí?" preguntaba Iris.
"No mucho" respondió Julián "se construyó hace dos años"
"Es como si una bomba hubiese explotado aquí"
Subimos a duras penas por las escaleras, que se encontraban en un estado deplorable, se podía ver la estructura interna de la misma.
Entonces uno de ellos, quién nos dirigía se quedo quieto.
"Aquí está, miren"
En la pared una mancha de sangre.
No, era más que eso.
Tenía la forma de ser algún tipo de símbolo.
Nadie supo darle sentido alguno.
Mi piel se erizaba si me quedaba viendo por mucho tiempo.
Nos adentramos cada vez más en la profunda oscuridad que teñía el edificio, los olores eran nauseabundos. Iris continuaba con un rostro que parecía enojada conmigo.
Cuando avanzamos por la puerta que se supone era la salida de emergencia del tercer piso el ambiente se volvió pesado, como si saliera a resurgir malos pensamientos, esos que todo el mundo tiene, de los que te hacen perder la noción del tiempo y no te das cuenta de hacia donde te ha estado llevando, de esos que te hacen querer arrepentirte justo cuando tienes la soga sujetando tu cuello.
Sentí nauseas, quería vomitar, este lugar me era desagradable. Tenía probablemente la cara pálida de tanto resistir no expulsar todo mi almuerzo.
Nos detuvimos a descansar, todos parecían igual de afectados. Uno de ellos me ofreció agua.
Mientras nos recostábamos note que Marcos se quedó inmóvil mirando una de las paredes con símbolos extraños, contando al de abajo eran unos cinco en total.
"Marcos" Lo llamé "¿Pasa algo?"
"Él ha dicho mi nombre"
"¿Él?"
Una neblina morada inundó la habitación.
Una voz áspera y grave nos daba la bienvenida.
"Oh, Niños..." el ente se acercó suavemente "Niños..."
Se nos presentó una criatura, tenía el cuerpo de un hombre.
Deformado, alto y con extremidades exageradas. Sus dientes sobresalían como cuchillas.
Se paró en el centro de la habitación.
Comenzó a danzar, recorriendo y serpenteando a cada uno de nosotros, haciendo muecas y sonidos como las haría un payaso de circo.
Una y otra y otra vez.
Miré el rostro de los demás.
Sí, la palabra temor no era suficiente para describir sus rostros.
¿Aterrados? mucho más que eso, ¿Cómo le explicas a alguien este ser?
Miré de reojo a Iris, le hice un gesto.
"Salgamos de aquí" susurre.
Mientras el resto seguía hipnotizado, nosotras huimos en puntillas.
Bajamos las escaleras, ninguna de nosotras dijo palabra alguna,
¿Qué se supone que diga en esta situación?
¿Perdón? supongo que será lo primero que tenga que decir luego de llegar a casa.
El rostro de Iris expresaba algo que nunca antes había visto en ella, siempre suele ser tan alegre, despreocupada y vivaz que a veces olvido que también puede ponerse de este modo.
Era una tontería mía pensar que la gente es siempre como se ve...
Unos gritos, provenían de arriba; eran los que dejamos atrás.
nos detuvimos por un momento.
Nos vimos a los ojos, reflejábamos algo de culpa.
"Deberíamos volver por ellos?"
Sin pensarlo Iris me tomo del brazo.
"Ya, es tarde para eso"
Recorrimos los últimos metros hacia la salida.
Cuando abrimos la puerta, nuestros corazones volvieron a temblar.
"Si que eres inoportuna" una pálida mujer nos esperaba "Ah, Cloe eres tan molesta"
La mujer, o más bien; criatura, ¿o monstruo? se puso delante. Esto solo significa que este lugar ha de ser importante para estos.
"Iré a ve si puedo rescatar por lo menos a uno" echo un suspiro "mi primo no suele dejar ni los huesos"
De un salto vertical desapareció de nuestra vista. se esfumo como un cohete el sonido de su impulso hizo temblar la tierra alrededor.
Se escuchaban todo tipo de gritos de los pisos superiores, parecía un matadero.
En eso, el cielo tenido de rojo acompañado de un silbido agudo nos hizo ponernos alertas.
De unos arbustos emergió una figura.
"DÉJENOS IR!" gritó Iris "Llamare a la policía" Iris estaba desesperada, yo también peor simplemente no podía articular palabra alguna del miedo en mí.
Un hombre cubierto de vendas, se acercaba cojeando. sostenía un arma en su mano izquierda.
Del poco valor que tenía me puse delante de Iris.
¿Qué haces?!
Era mi culpa que este en esta situación después de todo. quise enmendarlo del algún modo. pero mis piernas temblaban así que era probable que me desplomase antes de sentir el disparo. Espero que ella logre encontrar ayuda en esos segundos que le daré.
Un disparo...
¿Dónde estoy?
Todo se encuentra negro.
escucho la voz de alguien a lo lejos.
"¡Cloe!"
mis ojos pesaban, aunque si me esforzaba podía ver lo suficiente,
El hombre perseguía a Iris, está a punto de alcanzarla...
Espero que no lo haga.
Oh, Dios; Iris siempre tuvo razón, nunca debimos venir aquí.
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