Capítulo 6: Hambre
La gélida piel de la serpiente presionaba sutilmente mi cuello, con una voz grave pero melodiosa susurraba en mi oído.
“Esto niñita, es solo la primera fase” echó una carcajada “cuando sepas que tu vida ha quedado arruinada sabrás que has madurado”
Y como vino desapareció.
Me entraron nauseas, abrí el inodoro y bote todo lo que contenía mi estómago. Allí en el fondo vi flotar una uña. La saqué, asqueada, no podía creer que enserio me haya comido a un hombre.
Pero la carne tierna de ese ser había echado raíces en mi mente, un deseo profundo de volver a repetir el plato perfecto, como desgarrar una piel tan blanda y jugosa, perforar y llegar hasta la capa de grasa que funciona como un perfecto aderezo a la carne roja.
Mi cuerpo se emocionaba mientras más lo pensaba, las piernas me temblaban como si hicieran fusión un conjunto de sentimientos desbordados concluyendo en el acto mas satisfactorio para una mujer en etapa fértil.
Note que estaba transpirando demasiado, así que fui hasta el patio de la escuela; de todos modos, faltaban algunos minutos para que empiece el receso.
Sentada allí pude ver cientos de chicos y chicas pasar, igual de jóvenes que yo. Pero ya no los veía con los mismos ojos.
“¿Cómo lo estas llevando?”
Una voz familiar resonaba en mi cabeza.
“Soy Iris”
Mi corazón se detuvo por un segundo.
“¡Iris!” grite en voz alta.
Todo el mundo giro a verme, baje la cabeza.
“Puedo oírte, no es necesario gritar tan alto”
“¿Dónde estás?”
“En un lugar cercano…” parecía desanimada “pero no podemos juntarnos aun”
“¿Por qué?”
“Primero debes completar tu transformación, de no ser así podrías descontrolarte”
“¿Descontrolarme?”
“¿Ya tuviste esa visión?”
Recordé aquel lugar donde… hice eso…
“No era solo una visión, eso que viste fue real”
“Me comí a un hombre”
El silencio perduro varios segundos. Tantos que se hizo incómodo.
“Estas oficialmente iniciada” dijo en tono burlón “ahora solo falta despertar tus demás sentidos, solo recuerda focalizar tus presas”
“¿Focalizar mis presas?” dije confundida “¿a qué te refieres?”
Iris parecía no poder seguir hablando.
“Debo irme, te contactare luego”
Deje de escuchar su voz, y me volvía a poner triste. Por ella, por mí; y en lo que me he convertido.
Un monstruo.
Saliendo de la escuela, me encontré con viejas amigas. Su escuela había sido afectada por temas virológicos, por lo tanto, les dieron una semana de descanso a todos. Ella había venido a visitar sus primos que vivían en esta ciudad, no la veía desde hace años.
“¿Fuiste a ver aquella película?”
Respondí con total desgano, pero me mantenía cordial; tampoco quería contarle lo que me sucedió.
Tampoco creo que me creyese.
De todos modos, terminados yendo a su casa.
Su tía nos sirvió te helado, justo lo que necesitaba; el calor estaba apunto de matarme.
Divagando entre cosas del pasado, el tiempo se hizo indoloro. Y pasamos horas conversando, empezaba a sentirme mejor.
El te helado se nos había acabado, pero la charla fue tan amena que quisimos continuar. Ella se levanto y dijo que iría a comprar alguna que otra cosa para beber y comer.
“No tardo”
Solitaria y como de costumbre quede sentada en el sofá, mirando por la ventana a ver si ocurriese algo interesante. Pero lo mejor estaba dentro, junto a mí.
Un chico, su primo, de cabello corto y ojos verdes se sentó tímidamente al otro extremo del sofá.
“So- soy, Henry”
“Yo, Cloe”
Incómodos ambos, intentamos hablar, pero nos interrumpimos en el primer intento.
“Dis-disculpa, tú primero”
“Ah, no solo quería saber si aun jugabas a algo” dije mientras movía el vaso sobre la mesa “es que tal parece que Miriam tardara un poco”
Fue rápido hasta su habitación y saco una caja polvorienta. De el un paquete de carta de colores y números.
me enseño las reglas de forma breve.
“Oh, creo que ya lo entiendo” dije mientras realizaba un movimiento.
Cuando quise sacar otra carta de la baraja nuestras manos rozaron accidentalmente. Lo que me hizo cuestionar mi estado mental.
Mi boca escurrió un poco de saliva, que tuve que disimular con mis manos. Y mis ojos no paraban de mirarlo con ganas de saltar de sobre él.
Quede paralizada un momento.
Mis manos se impregnaron de una energía descomunal, y mi mandíbula estaba cada vez más tensa. No podía soportar mas este deseo de poder devorarlo.
Me puse de pie.
Y me dispuse atacarlo.
Detrás de mí se escuchó una voz.
“¡Ya regresé!”
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